miércoles, 4 de noviembre de 2009

Lloro

lagrima

Lloro la simpleza de mi complejidad y la superficialidad de mis pensamientos profundos.
Lloro la pena de ser humana imperfecta, incompleta y transitoria.
Lloro la añoranza de una vida simple, de un amor lejano y de un amigo sincero.
Lloro la nostalgia de la despedida a un sueño que se quedo olvidado en medio de razones perdidas.
Lloro al presente, lloro al pasado y lloro también al futuro.
Lloro la resignación de voluntades y a la aniquilación de inocencias.
Le lloro a la vida que pierde sentido, al mundo de conformidades, a mi esencia insegura, a las mentiras que ilusionan, a las verdades que engañan.
Lloro a la coherencia y a la fantasía, a la incoherencia, al sarcasmo y la ironía. A la frialdad del hombre rustico, a la complejidad del místico y a la vulnerabilidad del sensible.
Lloro y solo lloro para ver si así me acabo, porque no soporto entender y sentir que en mi no hay equilibro y que no tengo centro. Que si razono y analizo al mundo y a la vida, cerceno mi imaginación, anulando mi esencia. Y que, si me establezco, me fundo y me instituyo con la intensidad característica de mis emociones acabaría por extirparme el alma.

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