Cariño mio,
si algún día te es preciso
sepárame de tu vida sin lamentos.
No tengo reproche alguno
si se trata de tu felicidad.
Aunque el corazón no entienda,
mi alma sabe…
le espera contigo la eternidad.
Solo pido amor,
no permitas que la distancia me apartarte de tu mente.
Sin el calor de tus recuerdos perderé la memoria,
se romperán mis alas,
se irá de mi alma la fuerza;
no podré volar para encontrarte
y será mi vida
la de una melancólica sombra ahogándose,
perdida en el profundo abismo de tu abandono.
Y si despiertas un día, sin reconocerte a ti mismo,
si sabes que tu mente saborea difusos mis recuerdos;
dime que mirarás al horizonte,
que sentirás la noche,
que invocarás a la luna
que me harás regresar a ti.
Promételo amor porque la eternidad no existe si me olvidas.
Sin los rastros de tu luz no tendré ruta.
Vendré al mundo y caminaré ciega;
errante, entre callejones de un laberinto oscuro,
sin más compañía que el eco de mis lamentos,
sin otra certeza que el dolor de mi alma herida;
de mi alma dividida entre memorias que se desvanecen.
Aunque te vayas ahora amor,
evoca siempre lo que te pido.
Mientras mi recuerdo resplandezca en tu mente
como una tenue nostalgia, una furtiva añoranza
o una simple memoria;
Yo seguiré siendo eternidad difuminada.
Seguiré siendo un alma de partículas azules esperando reflejarse en tus destellos,
esperando condensarse y ser
otra vez de ti.
Recuérdame siempre amor,
Recuérdame que si tú me olvidas...
Yo moriré
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